La provincia de San Juan atraviesa una
temporada invernal inédita caracterizada por nevadas de una frecuencia y volumen sin registros en décadas. Así lo confirmó el geocriólogo
Silvio Pastore, quien calificó el presente ciclo como un
"año hidrológico extraordinario", graficado por fenómenos poco comunes como el cierre del paso internacional Cristo Redentor durante un mes consecutivo. Tras años de escasez extrema, las precipitaciones en la cordillera garantizan un
importante incremento en la disponibilidad de agua para la región.
Sin embargo, el impacto del fenómeno trae consigo alertas inmediatas para la infraestructura provincial. Los pronósticos prevén que el proceso de deshielo, sumado a nuevas tormentas en camino, incrementará de forma considerable el riesgo de avalanchas, deslizamientos de tierra y crecidas repentinas en las cuencas de los ríos San Juan y Jáchal. Ante este panorama, se instó a las autoridades a inspeccionar de manera urgente el estado del sistema de drenaje urbano y los canales de distribución de riego agrícola para mitigar posibles daños.
El espejismo de la abundancia: la deuda con las reservas estratégicas
A pesar del optimismo entre los productores locales, los científicos enfatizan que este superávit temporal no elimina la sequía estructural que padece la provincia. La acumulación actual servirá como un alivio momentáneo, pero resulta insuficiente para revertir el deterioro de los acuíferos subterráneos y la pérdida de glaciares provocada por años de crisis hídrica.
Respecto a las estimaciones del volumen total que llegará a los valles —calculado preliminarmente en unos 3000 hm³—, la comunidad científica mantiene una postura cautelosa. Se precisó que la confirmación matemática del recurso real disponible solo podrá obtenerse a fines de septiembre mediante mediciones físicas de campo.
Un nuevo modelo de gestión de cara al futuro
El comportamiento del clima en la región ratifica una tendencia proyectada por modelos ambientales: extensos ciclos de sequía interrumpidos por breves lapsos de abundancia. Esta variabilidad extrema impide la planificación económica y social a corto plazo, demandando el desarrollo de políticas de Estado con proyecciones a 20 o 30 años.
Entre las propuestas planteadas para modernizar el sistema se destaca la necesidad de instaurar un esquema de entrega constante del recurso hídrico —cercano a los 800 hectómetros cúbicos anuales— para el sector agrícola, independientemente de la nieve caída en la alta montaña. Asimismo, se promueve una actualización del marco regulatorio del agua para distribuir el recurso de manera equitativa entre la agricultura, el ecosistema local, el turismo y la industria.