Desde el sector comercial especializado reportan una suba de hasta el 20% en las consultas y un cambio en el perfil de los compradores, donde destaca la incorporación de mujeres y jóvenes que buscan herramientas para la defensa personal.
El mercado de armas de fuego en la provincia de San Juan experimenta una tendencia alcista en los últimos meses, impulsado de manera directa por la preocupación ciudadana frente a los hechos delictivos. De acuerdo con referentes del sector comercial especializado, las solicitudes de asesoramiento técnico y las operaciones comerciales consolidadas mostraron un incremento de entre el 15% y el 20%, consolidando un escenario donde la búsqueda de protección familiar y la prevención residencial dinamizan las ventas.
El repunte de la actividad comercial está estrechamente ligado a un cambio en el comportamiento del consumidor local. Los armeros detallan que un porcentaje significativo de los clientes acude a los locales comerciales tras haber sido víctimas directas de asaltos, episodios de violencia urbana o tentativas de entraderas en sus hogares. Esta necesidad de resguardo generó una modificación en el perfil tradicional del comprador, registrándose una inédita afluencia de mujeres y de jóvenes mayores de 18 años que deciden iniciar los trámites de adquisición.
Especialistas del rubro señalan que este fenómeno refleja una transformación en la percepción cultural y social respecto a la legítima tenencia de estos dispositivos, perdiendo vigencia los antiguos prejuicios sobre su posesión legal. En el desglose de las preferencias del mercado sanjuanino, las pistolas de calibre 9 milímetros se posicionan actualmente como la opción más requerida por los usuarios, debido a su versatilidad y prestaciones técnicas para la defensa civil.
A pesar del auge en la demanda, desde el sector comercial aclararon que la mera adquisición de un armamento no se traduce automáticamente en un entorno más seguro, e instaron a la comunidad a actuar con máxima prudencia. Los expertos advierten que la tenencia de estos elementos requiere obligatoriamente de un proceso continuo de instrucción teórica, entrenamiento práctico y un alto sentido de la responsabilidad civil.
En este sentido, se enfatizó que el uso de armas de fuego es una instancia compleja que demanda idoneidad y preparación psicológica, desmitificando la idea de que la sola presencia de un artefacto en el hogar resuelve los problemas de vulnerabilidad ante la delincuencia sin el debido adiestramiento.