La conducción de la Federación Económica de San Juan (FESJ) manifestó su inquietud ante las dificultades operativas que atraviesan las pymes comerciales de la provincia a raíz del elevado costo de los alquileres de los locales físicos. El titular de la entidad, Daniel Milla, señaló que, a pesar de registrarse una estabilización en los índices inflacionarios generales, los valores de los arrendamientos en determinados puntos urbanos se encuentran marcadamente sobrevalorados. El dirigente empresario explicó que la combinación de costos fijos altos y la persistente debilidad en los niveles de facturación deteriora la capacidad de pago de los locatarios y pone en riesgo la continuidad de los negocios.
La presión ejercida por los costos inmobiliarios ya comenzó a reconfigurar la distribución geográfica de los comercios en el Gran San Juan. De acuerdo con el diagnóstico de la cámara empresaria, ante la imposibilidad de afrontar las renovaciones de contratos o las cuotas mensuales vigentes, una cantidad significativa de comerciantes optó por mudar sus instalaciones hacia zonas comerciales periféricas o de menor costo relativo.
Este proceso de migración interna responde a la necesidad urgente de las empresas de reestructurar y reducir sus costos de funcionamiento para sostener los puestos de trabajo y evitar el cierre definitivo de sus persianas. Milla ejemplificó la problemática con la situación de Villa Krause, en el departamento Rawson, una plaza comercial que experimentó un fuerte incremento en sus cotizaciones inmobiliarias durante el último período, volviendo prohibitivos los montos solicitados para los emprendedores de la zona.
Desde la Federación Económica analizaron que el encarecimiento de los locales comerciales también está regulado por las variables tradicionales de la oferta y la demanda de inmuebles en los principales centros urbanos de la provincia.
Las autoridades de la entidad empresaria concluyeron que la escasez de espacios físicos disponibles en los sectores de mayor concentración peatonal, combinada con el sostenido interés de los comerciantes por radicarse en zonas de alta circulación, genera una distorsión de precios que encarece de manera desproporcionada los contratos de locación, profundizando la brecha entre los costos operativos del comercio y su rentabilidad real.
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