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RECURSOS HÍDRICOS EN LA PROVINCIA

Las intensas nevadas en la cordillera sanjuanina alimentan la esperanza de recuperar las reservas de agua

El fenómeno meteorológico se posiciona como uno de los más prolongados de la última década y registra niveles de acumulación históricos, aunque los especialistas remarcan que será clave la continuidad de los temporales para revertir la sequía.

Jose Luis Lisi 21 de julio 2026, 09:26 3 min de lectura

El prolongado temporal que afecta a la alta montaña y a los valles precordilleranos desde el pasado 15 de julio comienza a proyectar un impacto sumamente favorable para la disponibilidad de agua en San Juan. Pese a las complicaciones operativas y de transitabilidad generadas en departamentos como Iglesia, Jáchal y Calingasta, la gran masa de nieve acumulada en las altas cumbres constituye una contribución fundamental para garantizar el volumen del deshielo de cara a la primavera y el verano.

Expertos de la Universidad Nacional de San Juan sostienen que el evento actual se sitúa entre los más relevantes del último cuarto de siglo, destacándose tanto por la cantidad de precipitación como por su duración. La constante formación de capas sobre el manto nival cumple además un rol protector decisivo, ya que retrasa los procesos de sublimación y derretimiento causados por la radiación solar antes de la temporada estival.

El factor El Niño y la proyección de nuevas precipitaciones

La persistencia de estas condiciones responde a la vigencia del patrón climático conocido como El Niño en el Océano Pacífico ecuatorial. La influencia de este fenómeno incrementa las probabilidades de que se repitan frentes fríos y nevadas en la cordillera de los Andes durante los meses de agosto y septiembre, período decisivo para la consolidación de la nieve de temporada que alimenta la cuenca de los ríos provinciales.

Prudencia técnica frente a un contexto de déficit prolongado

A pesar de las perspectivas halagüeñas, los profesionales del área hídrica apelan a la cautela. Si bien la acumulación actual representa un respiro frente a los niveles críticos registrados en inviernos anteriores, un único temporal no resulta suficiente para compensar más de diez años de sequía continuada.

La superación del escenario de escasez y la recarga efectiva de los embalses dependerán de la regularidad de los temporales en el tramo final del invierno, sumado a una gestión eficiente de los recursos disponibles una vez que comience el periodo de deshielo.