El precio de los combustibles sufrió una escalada brutal de hasta el 78% en los últimos doce meses. Cargar nafta premium ya roza los $112.000 por auto, desatando una crisis total para los conductores.
Un panorama asfixiante y de terror es el que viven a diario los automovilistas en las estaciones de servicio sanjuaninas. La escalada descontrolada en los precios de los combustibles aplicó un castigo feroz al bolsillo popular durante el último año: hoy, llenar el tanque de un vehículo mediano cuesta la dramática cifra de casi $42.000 más que en junio del año pasado, transformando el simple acto de cargar nafta en un verdadero lujo prohibitivo.
El brutal escenario quedó al descubierto tras un relevamiento de precios comparativo entre el 1 de junio de 2025 y la misma fecha de 2026. Los números son alarmantes y exponen un salto inflacionario feroz: el combustible Diesel lideró el ranking con un incremento del 78% (pasando de $1.259 a los actuales $2.241), seguido muy de cerca por la nafta Súper, que clavó un tarifazo del 73% para sepultar los viejos $1.237 y catapultarse hasta los $2.138 por litro.
La odisea de mantener un auto en marcha se vuelve una misión imposible cuando se analiza el impacto real en los modelos más vendidos del mercado, como el Fiat Argo, dotado con un tanque de 48 litros. Hace exactamente doce meses, un conductor lograba llenar el depósito con la versión Infinia desembolsando $69.792; hoy, ese mismo usuario queda al borde del infarto al pasar por caja y toparse con una factura de $111.744. Una diferencia escalofriante del 60,1% que dinamita cualquier presupuesto familiar.
Por su parte, el segmento premium tampoco dio tregua en este año de malaria. La nafta Infinia trepó un 60% hasta alcanzar los $2.328 por litro, mientras que el Diesel de máxima pureza (Infinia Diesel) no se quedó atrás y sufrió un sacudón del 71%, cotizando actualmente a $2.418. Esta disparada generalizada ya empezó a pasar factura en las bocas de expendio locales, provocando un desplome histórico en el consumo que ronda el 12% ante la imposibilidad de la gente de convalidar semejantes valores.
En medio de este clima de máxima tensión social y billeteras vacías, el Gobierno nacional aplicó un sorpresivo freno de mano y decidió postergar hasta el 1 de julio el impuestazo a los combustibles que debía regir este mes. Sin embargo, la tregua oficial no es más que una bomba de tiempo: las actualizaciones impositivas pendientes de los períodos 2024, 2025 y del inicio de este año ya están firmadas y prometen desatar una nueva oleada de aumentos en las mangueras apenas comience el próximo mes.