La crisis económica obliga a los hogares a abandonar los hipermercados y volver a la compra fraccionada por día. Advierten por el alto endeudamiento para cubrir necesidades básicas de alimentación.
El escenario económico actual ha provocado una transformación profunda en la conducta de los consumidores sanjuaninos, quienes han regresado masivamente al comercio de cercanía ante la imposibilidad de sostener compras de mayor escala. Según un relevamiento de la asociación Amas de Casa del País, la población ha dejado de planificar el consumo mensual para volcarse a la adquisición de productos "al día", solicitando porciones mínimas de alimentos básicos para cubrir las necesidades inmediatas de la jornada.
Esta tendencia se refleja en la proliferación de la venta de productos fraccionados y sueltos, como fideos, harina y aceite, en cantidades que se ajustan estrictamente al presupuesto diario disponible. Laura Vera, titular de la entidad, destacó que esta modalidad responde a una pérdida de poder adquisitivo que afecta tanto a trabajadores informales como a empleados registrados, quienes ya no logran cubrir el costo de la canasta básica.
Un factor de preocupación central para el sector es el sobreendeudamiento financiero. Ante la falta de liquidez, se ha detectado un incremento en el uso de tarjetas de crédito en supermercados para la compra de comida, donde una parte considerable de los usuarios opta por realizar solo el pago mínimo del resumen. Esta práctica, según advierten los analistas, genera un ciclo de deuda difícil de revertir que compromete los ingresos de los meses subsiguientes.
Asimismo, la estructura del consumo alimenticio ha sufrido un deterioro nutricional. La imposibilidad de acceder a proteínas de origen animal, debido a sus constantes aumentos de precio, ha desplazado la demanda hacia los carbohidratos. El aumento en el consumo de arroz, fideos y papas en detrimento de la carne vacuna marca una caída en la calidad de la dieta de los hogares locales.
Finalmente, el tradicional sistema de "fiado" en los almacenes de barrio ha comenzado a desaparecer. Los propios comerciantes, golpeados por el incremento en el costo de los servicios y la imposibilidad de financiar a sus clientes sin descapitalizarse, han restringido el crédito personal. Este cierre de opciones deja a las familias con estrategias de subsistencia cada vez más limitadas en un contexto de retracción económica sostenida.