El desplazamiento geográfico es identificado como la principal causa de este descenso. Según los trabajadores, la ubicación anterior garantizaba un flujo constante de clientes debido a la proximidad con las paradas de transporte público y establecimientos educativos.
A la baja concurrencia se suma una deficiencia de infraestructura que golpea directamente el margen de ganancia: la falta de conexión eléctrica definitiva. Aunque las instalaciones técnicas ya están finalizadas, la demora en las inspecciones finales obliga a los puesteros a utilizar generadores de energía propios.
Este inconveniente operativo conlleva un gasto diario de combustible que ronda los $20.000 por noche, un costo fijo elevado para negocios que hoy subsisten gracias a estrategias de supervivencia como promociones 2x1 y eventos especiales como "La Noche de los Panchos".
Desde el sector reconocen que el espacio actual es más adecuado para las normativas sanitarias, pero insisten en que "la gente no quiere caminar hasta allá". La sensación general es que el proyecto de relocalización aún no ha logrado consolidarse como un polo de atracción masiva.
Actualmente, los carros operan con horarios más restringidos que en su antigua ubicación —hasta la 1:30 en días de semana y las 2:30 los fines de semana—, lo que limita aún más la posibilidad de captar público nocturno. La esperanza de los comerciantes está depositada en la futura inauguración de áreas recreativas y juegos en la zona del parque, lo que podría traccionar el flujo de personas necesario para revertir la tendencia negativa del primer año.
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