El sector textil argentino enfrenta un
escenario crítico que exige adaptar sus estructuras a las nuevas exigencias del mercado global y nacional. El empresario
Rodolfo Massut sostuvo que el cambio en los hábitos de consumo —impulsado por las
compras digitales y la comparación directa de precios— dejó al descubierto las falencias de un modelo productivo que durante años se resguardó en la alta inflación. Según el industrial,
la rentabilidad estuvo enfocada históricamente en la especulación con el stock
en lugar de orientarse a la inversión, la mejora de procesos o la apertura de nuevos destinos comerciales.
Obsolescencia y brecha operativa
El principal factor que condiciona la capacidad de competir frente al mercado internacional reside en la antigüedad del equipamiento. Massut remarcó que nueve de cada diez máquinas en las plantas locales acumulan más de tres décadas de uso continuo, lo que frena cualquier intento de alcanzar estándares internacionales de productividad. Frente a este panorama, sugirió mirar procesos de reconversión económica como los aplicados en San Juan, provincia que logró diversificar su matriz productiva más allá de sus actividades primarias tradicionales.
Condiciones para la inversión
El análisis incluyó una autocrítica sobre las decisiones empresariales, pero también apuntó a las distorsiones macroeconómicas que impiden la modernización. El empresario enfatizó que el acceso al financiamiento resulta inviable con tasas crediticias que rondan el 120%, a lo que se suma una presión fiscal excesiva y asimetrías en los aranceles que terminan favoreciendo la importación de confecciones terminadas por sobre la adquisición de insumos industriales. Frente a este diagnóstico, concluyó que la reactivación requerirá un esfuerzo compartido entre la reconversión privada y políticas públicas que igualen las condiciones de producción.